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Jornales bajos Ya no son una ventaja competitiva

Por: dani77

Jornales bajos: Ya no son una ventaja competitiva

Los niveles de jornales para obreros no calificados van siendo cada vez menos significativos en la competencia mundial. La productividad, en cambio, sí es cada vez más importante. La calidad, el diseño, el servicio, la innovación y el marketing son todas cosas cuya importancia va en aumento, pero los jornales obreros como costo directo se convierten rápidamente en un factor secundario.
La razón es que el trabajo manual ya no representa una proporción suficientemente alta de los costos totales como para darles a los jornales bajos mucha ventaja competitiva. Una regla bien probada dice que la producción en el exterior tiene que ser por lo menos el 5 por ciento, y probablemente el 7.5 por ciento más barata que la producción cercana para que compense los costos considerables de la distancia: transporte, comunicaciones, viajes, seguros, financiación. Y si el costo de los jornales cae por debajo del 15 por ciento del costo total, se necesita un diferencial del 50 por ciento, con la misma productividad laboral, para compensar los costos de la distancia. Esto en la práctica es insólito, por lo menos en los países desarrollados.
Los costos del trabajo manual en la industria manufacturera de los Estados Unidos representan el 18 por ciento de los costos totales, pero han disminuido porque eran el 23 por ciento hace apenas unos pocos años. Y siguen bajando rápidamente a medida que la productividad aumenta. Una industria o una compañía que opere hoy a un costo de trabajo manual de más del 15 por ciento ya va a la zaga. La General Motors todavía tiene costos de trabajo manual de cerca del 30 por ciento - en parte por los reglamentos restrictivos de sus contratos sindicales. Pero Toyota y Honda en sus plantas situadas en los Estados Unidos, pagando los mismos jornales, operan con costos laborales de menos del 20 por ciento y esperan reducirlos al 15 por ciento en el término de diez años, lo mismo que la Ford.

Corriendo parejas

Las siderúrgicas integradas todavía tienen costos de mano de obra del 25 por ciento, pero las "minifábricas" de acero tienen un costo de trabajo manual del 10 por ciento, o menos, y hoy producen la quinta parte de todo el acero hecho en los Estados Unidos, y probablemente producirán bastante más de la mitad a la vuelta de otros diez años. La industria textil dice que la mató la importación procedente de países de jornales bajos; pero la mitad de dicha industria en realidad está operando a costos enteramente competitivos con los productores que tienen los más bajos jornales del mundo, como Malasia e Indonesia, por ejemplo. Estas compañías, casi todas grandes, han reducido sus costos laborales a un 10 o un 12 por ciento del total, y no sólo en la fabricación de productos genéricos como tela para sábanas, sino también, muchas veces, en la producción de artículos terminados, como pantalones de dril y batas de casa.
En esta reestructuración en que los jornales obreros dejan de ser el factor dominante de la fuerza competitiva, y casi dejan de ser un factor en absoluto, las industrias estadounidenses y las japonesas están corriendo parejas. Los japoneses van más adelante en la reducción del contenido de costos de mano de obra en industrias tradicionales, por ejemplo, las de automóviles y neumáticos; lo que les ayuda, desde luego, es que están en gran medida libres de restricciones sindicales. En las industrias nuevas de rápido crecimiento, como productos farmacéuticos, especialidades químicas, biotecnología, comunicaciones y computadores, y en algunas industrias viejas, como papel y turbinas, los Estados Unidos van a la cabeza. Europa, en general, apenas empieza; pero está despertando.
Una consecuencia de esto es que los fabricantes de los Estados Unidos están repatriando lentamente las operaciones que habían llevado al exterior - precisamente porque no tienen que restablecer los empleos manuales que abolieron cuando se mudaron al exterior hace diez años. Otro resultado - y éste es paradójico - es que el empleo en manufacturas no ha disminuido en los Estados Unidos, pese a lo que alegan los sindicatos obreros. Como los costos laborales unitarios han venido disminuyendo constantemente, la industria fabril ha podido ampliar su producción total con rapidez suficiente para mantener el empleo de mano de obra en cifras absolutas. Esto ofrece un contraste evidente con lo que pasó en Europa occidental, donde el empleo de obreros en la industria manufacturera disminuyó en unos 5 millones en el curso de los últimos diez años, y es un poco mejor que lo que aconteció en el Japón. Lo que ha estado ocurriendo es un cambio, pasando de las industrias con los costos de ayer, por ejemplo, automóviles y acero, a industrias con los costos laborales de mañana, por ejemplo, telecomunicaciones y productos farmacéuticos.
La pérdida de importancia del costo del trabajo manual como factor decisivo de la competencia ha sido también la razón de la rápida mudanza de los fabricantes a sus mercados en todo el mundo desarrollado. La industria de los Estados Unidos efectuó esa mudanza en los años 60 y 70 - en parte mediante la compra de compañías europeas por las multinacionales o construyendo en Europa, y en parte mediante contratos de asociación en el Japón. Aun así, a pesar de haberse reducido tanto el poder de compra del dólar en el exterior, los fabricantes de los Estados Unidos están aumentando actualmente sus inversiones directas en el extranjero y - contra lo que cree casi todo el mundo - a una tasa más o menos igual a la del aumento de la inversión directa extranjera en los Estados Unidos.
Ahora, Europa y el Japón son los que están llevando su producción al exterior, a los países desarrollados donde están sus mercados: los europeos, principalmente a los Estados Unidos; los japoneses, a los Estados Unidos y a Europa occidental. La razón oficial de los japoneses para justificar su construcción o compra de plantas en los Estados Unidos es "el temor del proteccionismo"; pero esto es más que todo un pretexto para consumo interno en su país. La verdadera razón es que los jornales obreros se están volviendo relativamente insignificantes como factor competitivo, de suerte que los costos de la distancia al mercado se están haciendo más gravosos.
Estas tendencias indican un fuerte aumento de la competición entre fabricantes de los piases desarrollados. No será una competición basada en diferencias de jornales sino en competencia administrativa - productividad del trabajo intelectual y del dinero, tecnología de procesos, manejo del riesgo de los tipos de cambio de divisas, calidad, diseño, innovación, servicio, marketing. Se necesitará concentración en vez de conglomeración o diversificación, con énfasis creciente en dominar uno su tecnología y conocer su mercado y sus clientes.
En los países desarrollados, estas tendencias intensificarán sobre todo la integración que ya se ha venido operando desde hace algún tiempo - por lo menos desde que los negocios estadounidenses empezaron la 11multinacionalización" hace treinta años. Pero para los países en vía de desarrollo, esas tendencias amenazan cerrarles el más amplio camino hacia un rápido desarrollo económico: el de las exportaciones a base de trabajo con bajos jornales pero productivo.
En algunas partes, especialmente en el Brasil, el desarrollo de postguerra se ha basado en la receta clásica del siglo diecinueve: un desarrollo encabezado por la exportación de artículos alimenticios y materias primas a los países desarrollados, del cual fueron ejemplo en el siglo pasado los Estados Unidos con sus exportaciones a Europa, de carne de cerdo, manteca, carne vacuna, algodón, maíz, tabaco y cobre.
Pero mucho más espectacular en la postguerra fue el desarrollo del Japón, seguido por los cuatro "Tigres" de Asia Sudoriental: Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur (a los que pronto se unirá un quinto Tigre: Tailandia). Lo que hicieron estos países fue muy novedoso. Tomaron un invento norteamericano de la Segunda Guerra Mundial - se llamaba "capacitación", y durante los años de la guerra les permitió a los Estados Unidos convertir a su población preindustrial no calificada en trabajadores eficientes, de alta productividad - y transformaron rápidamente a su gente no calificada y de jornales bajos en trabajadores altamente productivos pero que seguían ganando bajos jornales y cuya producción podía competir en los mercados desarrollados.
Ninguna de estas rutas hacia el desarrollo parece que va a estar abierta en el futuro. Son pocos los importadores de alimentos que quedan. Entre los países desarrollados, el Japón es el único que tiene todavía un déficit de alimentos; todos los demás países desarrollados no comunistas tienen excedentes. La producción industrial cada vez hace menos uso intensivo de materias primas. El producto típico de los años 20, el automóvil, tiene un contenido de materias primas de casi el 60 por ciento, mientras que el producto típico de los años 80, el semiconductor, tiene el 1 por ciento. El contenido de materias primas y energía de un cable de fibra de vidrio es aproximadamente el 12 por ciento; el cable de cobre, al cual ésta reemplazó, tiene un contenido de materias primas y energía de cerca del 50 por ciento; etc.

¿El último modelo del siglo diecinueve?

Así, pues, es posible que el Brasil sea el último país que financie su desarrollo a la manera del siglo diecinueve, pagando sus importaciones de bienes de capital con exportaciones de alimentos y materias primas. Y la crisis actual de la economía brasileña es en gran parte la resultante de la caída de los precios mundiales de las materias primas y de los alimentos, ocasionada por el cambio de déficits a superávits de alimentos; y en las manufacturas, de bienes de uso intensivo de materias primas a bienes de uso intensivo de conocimientos.
Pero el acceso al desarrollo económico mediante la exportación que se basa en la productividad y en la mano de obra barata también puede verse bloqueado, al no ser ya los jornales un factor importante de los costos totales. Los aportes administrativos que entonces cuentan se encuentran justamente en campos en los cuales un país pobre, en vía de desarrollo, encuentra más difícil competir. Para los manufactureros en los países desarrollados, el cambio significa aumento de la demanda en áreas en que lo natural es que ellos sobresalgan. En cambio, es posible que el Tercer Mundo se vea obligado a buscar nuevas estrategias de desarrollo, quizá basadas en el mercado interno, esto es, en libertad y en incentivos de mercado para los agricultores y para empresarios pequeños, locales (y enemigos de los impuestos). El modelo de desarrollo para mañana bien podría ser el norte de Italia, y no el Japón.

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